En el departamento guajiro, una tierra golpeada por la corrupción y múltiples necesidades, hay una mujer que marca la diferencia. Karen de Luque es prueba que, antes las dificultades, podemos ser mejores. Su historia, su fundación y su restaurante son prueba de esto.

Por: Mariana Bechara Rodríguez, Emily Sibaja Ramos y Eleazar Aguirre de Luque (*)

“¡Bájate bájate!”, gritaba una adolescente de 14 años, en una revuelta académica frente a la alcaldía de Riohacha. Ese mismo grito de revolución, de cambio, de emancipación retumba hoy en la península de la Guajira. “Yo hice mi primera huelga a los 7 años cuando vi que no me hacían un cumpleaños”, así expresa Karen de Luque, mientras se ríe recordando sus inicios en este camino en busca de la equidad.

“Yo le gritaba al alcalde bájate, ven a cumplir con los derechos de los estudiantes. Solo era una adolescente”. Estas son las palabras de una madre cabeza de familia, que gracias a su liderazgo ha logrado resurgir como el águila, “Considero mi vida como el proceso que vive el águila cuando envejece, experimenta un proceso doloroso pero que da su fruto”, expresa mientras hace ademanes con sus manos, para hacer llegar mejor el mensaje.

Karen lideró muchas huelgas, se paraba frente a la multitud que acudía a las manifestaciones a decirles: ¡juntos podemos salir adelante, unidos podemos salir de la pobreza! Así inició su espíritu rebelde, su forma de ser, su empeño y su pasión a la hora de enfrentarse al mundo, y a su comunidad, por eso deja a su paso huellas de rebeldía en el entorno de su Guajira natal.

“Ella para mi es un ejemplo de superación, una mujer que a pesar de las dificultades ha salido a flote. Es una mujer luchadora y resiliente”, dice Ana de Luque, con mirada hacia abajo mientras desarrolla labores domésticas, sobre su hermana Karen de Luque, que es una mujer que por estos días escribe su nombre con letras doradas, en el norte del territorio colombiano, no solo por su resiliencia, sino, por la ardua lucha que ha emprendido para ayudar a lo más necesitados en el departamento de la Guajira.

De ello muchos pueden dar testimonio, uno de los casos es el de Yesenia Aldana, madre de Matías Olivares, quien sufría leucemia en marzo del 2019, y hasta la fecha el gobierno nacional no había agilizado los trámites necesarios para tratar al menor. En ese momento es donde aparece el “ángel”, como le han denominado a Karen.

“Gracias a ella pudimos obtener el aval para que le hicieran los tratamientos a mi hijo y así se pudiera estabilizar”, declara Yesenia, en un audio enviado vía WhatsApp. “Con su ayuda, por diferentes medios de comunicación logramos lo que tanto necesitábamos, la recuperación de Matías”, concluye esta madre venezolana.

El Genesis de la solidaridad

Transcurría 1980, cuando Orangel de Luque y Marilis Vázquez, fueron papás por segunda vez. Desde ese entonces inicia la historia de una persona que hoy tiene 39 años y no se ha detenido ni ha dejado de ayudar a los más necesitados. Las situaciones que en la vida le ha tocado enfrentar no son sencillas, a los 10 años deja de vivir con sus padres, debido a que estos se separan, quedando entonces a la merced de algunos parientes cercanos.

A pesar de la resiliencia que ha caracterizado esta mujer, que le ha permito cursar con éxito dos carreras universitarias, también reconoce que hay momentos en los que ha tocado llorar, pero eso no la hace perder su carácter y ahínco. “Karen es una mujer que después de luchar frente a todos, en la soledad le toca llorar”, declara al tiempo que se define con una sonrisa que demuestra seguridad en sus palabras.

Y es que no es para más, ya que el recuerdo le embarga en su trasegar, sus dos primeras relaciones sentimentales no terminaron de buena forma, debido a que la separación se dio por muerte en ambos casos. Póstumo a eso, se conoce con el padre de su segundo hijo, quien le abandona en pleno crecimiento del menor.

Como toda mujer sin rencores y espiritual afirma que: “esa relación no fue un error, son propósitos que Dios se traza, ese hombre llegó a mi vida en el momento preciso, y es una enseñanza más que he tenido”, responde cuando se le interroga sobre ese tercer intento fallido de tener un hogar estable.

Llamado a servir

Era 2015 y Karen Deluque contemplaba la idea de quitarse la vida. Estaba en Cuba y su hijo Allen estaba recién nacido, un hijo que, de acuerdo con todos los exámenes médicos, venía sin complicaciones hasta que, durante el parto, el medico tomó la errónea decisión de hacer una cesárea, cuando no era necesaria, a raíz de esto, Allen sufrió una hipoxia, causándole una parálisis cerebral.

De alguna manera, entre todos sus sentimientos y su crisis, Karen sintió que tirarse de ese 5 piso de un edificio en Cuba, era la única solución para su dolor, hasta que durante un sueño recibió un mensaje prometedor de Jesús, quien, en palabras de ella, le dijo “No te preocupes, que él va a estar bien, yo lo voy a restaurar, pero necesito que hagas algo, si ayudas a los que están y a los que vienen”.

Es así como nace la Fundación Gama, Gestores de acompañamiento y mejoramiento para la Guajira, quienes buscan gestionar, más no apadrinar, a las personas en condición de discapacidad, o como lo describió Karen durante nuestro encuentro virtual “Enseña a pescar más no pesca por las personas que apoya”.

“¿Tu eres el ángel?”, son las palabras que, con lágrimas en sus ojos, Karen recuerda de su primer encuentro con Matías, un niño de tres años, con la piel hinchada, verde y adolorida por las inyecciones, que en ese entonces tenía cáncer en la sangre y que no contaba con mucho tiempo.

“Si no lo saca hoy, se muere”, le decía el médico. “Ese día me metí en el baño amarraba el suéter duro y lloraba”, recuerda Karen. Esta es una de las historias con las que se ha encontrado durante su labor en la fundación y que ha dejado una marca en su vida. Sobre Matías, ella dice que: “Hoy en día Matías está vivo, sano, lo pudimos mandar para Bogotá, juega pelota, es inteligente, es hermoso”.

Estigmas y comida venezolana

Como “El imperio con sabor venezolano” fue llamado el restaurante que decide emprender Karen, y que, mediante este busca combatir los estigmas y generalizaciones hacia la población venezolana que actualmente está instalada en Colombia.

Esta iniciativa permite generar conciencia en los inmigrantes para que no mal vendiera los productos y lograr sostenerse en el país de manera legal, puesto que se generaliza al momento de referirse a ellos y sostener que todos son “rateros”.

Luego de su viaje a Cuba, nos cuenta que fue juzgada por proceder de Colombia, un país que comúnmente es asociado con los narcotraficantes que mucho tiempo atrás atormentaron a sus habitantes, ese acto de discriminación que sufrió es el que quiere evitar que sufran los venezolanos.

Karen, una mujer conocedora que años atrás los colombianos pasaron por la misma situación en la que ahora se encuentran los venezolanos, busca mediante ese emprendimiento dar a conocer las comidas típicas de Venezuela además de promover un mensaje de amor, unión y empatía entre los emigrantes venezolanos y los habitantes colombianos. Es una mujer que busca siempre la inclusión, y que se ha convertido en un oasis en el desierto de la desigualdad.

(*) Estudiantes pertenecientes al Semillero Reporteros Unisinú, del programa de Comunicación Social de la Universidad del Sinú-Elías Bechara Zainúm

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