Docente dialoga con estudiantes frente a pósteres en el II Encuentro de Semilleros de Investigación AFACOM CaribeFoto: Mariam Dickson. La docente del programa de Comunicación Social Nidia Serrano Montes dialoga con estudiantes durante el proceso de evaluación de las propuestas presentadas en el II Encuentro de Semilleros de Investigación AFACOM Caribe, realizado el 11 de septiembre de 2026, en la Universidad del Sinú-Elías Bechara Zainúm de Montería.

TEORÍA, AULA Y TERRITORIO

Los ensayos y exposiciones de los estudiantes de Teoría de la Comunicación Latinoamericana, segundo semestre de Comunicación Social de la Universidad del Sinú se convirtieron en un ejercicio para mirar nuestra realidad desde Freire, Beltrán, Kaplún, Martín-Barbero, García Canclini, Orozco y Scolari. La experiencia, enriquecida con la participación en el II Encuentro Regional de Semilleros de Investigación AFACOM Caribe, muestra que las teorías cobran otro sentido cuando salen del libro, entran al territorio y dialogan con las preguntas de los jóvenes.

Proyecto de aula: artículo colectivo de estudiantes de Teoría de la Comunicación Latinoamericana

MONTERÍA. Hay teorías que parecen habitar únicamente en los libros. Tienen autores, fechas, conceptos, palabras que los estudiantes deben aprender y, muchas veces, un examen que termina determinando cuánto lograron recordar. Pero algo diferente ocurre cuando esos conceptos empiezan a encontrarse con situaciones que los jóvenes reconocen en su cotidianidad.

Eso ocurrió durante el estudio de las teorías latinoamericanas de la comunicación. La pregunta dejó de ser solamente qué dijo determinado autor y comenzó a transformarse en otra mucho más cercana: ¿qué tiene que ver todo esto con nosotros? Con nuestra forma de comunicarnos. Con las redes sociales. Con los barrios. Con las comunidades. Con la cultura del Caribe. Con quienes tienen voz y quienes todavía luchan por ser escuchados.

Y allí las teorías comenzaron a respirar.

Cuando comunicar significa escuchar

Paulo Freire aparece inevitablemente cuando se habla de diálogo, educación y participación. Su pensamiento cuestionó una relación en la que unos saben y otros simplemente reciben. Esa discusión, nacida décadas atrás, conserva una fuerza particular en una época saturada de mensajes, redes sociales, plataformas e inteligencia artificial.

Mariana Sofía Ballesta Doria encontró precisamente allí la vigencia de Freire. Después de estudiarlo y confrontarlo con experiencias contemporáneas, escribió:

“Comunicarnos no debería significar solamente transmitir un mensaje de una persona a otra. También implica escuchar, interpretar, preguntar y tener en cuenta la realidad de quienes reciben y producen los mensajes.” (Mariana Sofía Ballesta Doria)

La frase tiene algo especialmente valioso: ya no habla solamente Freire. Habla una estudiante que intenta llevarlo a su propio tiempo. En su ensayo, Mariana relacionó estos planteamientos con experiencias observadas en el Encuentro de Semilleros AFACOM 2026, entre ellas proyectos sobre inteligencia artificial, desinformación y periodismo escolar. Su lectura conectó una teoría construida hace varias décadas con interrogantes que hoy atraviesan la formación de los comunicadores: quién produce la información, cómo la interpretamos y qué responsabilidad tenemos frente a ella.

De receptores a participantes

Luis Ramiro Beltrán también obligó a cambiar el punto desde donde se mira la comunicación. Su propuesta de comunicación horizontal cuestionó la idea del receptor condenado simplemente a recibir mensajes. Acceso, diálogo y participación aparecen entonces como condiciones de una comunicación más democrática.

Laura Sofía Ballesteros Vargas lo llevó a palabras mucho más sencillas:

“Comunicar no significa simplemente hablarle a alguien. También implica escuchar y permitir que la otra persona tenga la posibilidad de responder y participar.” (Laura Sofía Ballesteros Vargas)

Allí está buena parte de la discusión. Podemos tener teléfonos inteligentes, internet, redes sociales y miles de mensajes circulando cada minuto y, aun así, seguir teniendo una comunicación profundamente vertical. Tener acceso a información no significa necesariamente participar. Tener una cuenta en una red social tampoco garantiza que todas las voces tengan las mismas posibilidades de ser escuchadas.

Beltrán permite volver a preguntas que siguen abiertas: ¿quién habla?, ¿quién puede responder?, ¿quién decide qué circula?, ¿quién permanece invisible? Para una generación que vive buena parte de sus relaciones comunicativas dentro de plataformas digitales, esas preguntas están lejos de pertenecer al pasado.

Aprender comunicación haciendo comunicación

Mario Kaplún colocó otra pieza fundamental: no basta con informar ni con utilizar medios. La comunicación puede convertirse también en aprendizaje cuando quien participa deja de ser espectador y comienza a construir.

Producir un pódcast, participar en un periódico escolar, realizar una entrevista, construir una pieza audiovisual o contar una historia obliga a investigar, preguntar, escuchar, seleccionar y tomar decisiones. El aprendizaje ocurre durante el proceso.

Avril Nicole Cordero Buendía lo plantea desde una mirada que ya comienza a preguntarse por su futura profesión:

“Nuestra labor no consiste únicamente en informar. También debemos actuar con responsabilidad, respetar las diferentes opiniones y comunicar pensando en las personas.” (Avril Nicole Cordero Buendía)

Su reflexión añade algo que ninguna definición debería perder: detrás del mensaje hay personas. Y detrás de la tecnología también. La teoría latinoamericana comienza entonces a separarse de la idea de comunicación como simple circulación de información y se acerca a otra concepción: comunicar implica relacionarse, escuchar, participar y reconocer al otro.

Martín-Barbero: mirar más allá del medio

Jesús Martín-Barbero produjo uno de los desplazamientos más importantes del pensamiento comunicacional latinoamericano: invitó a mirar no solamente los medios, sino las mediaciones. Eso implica reconocer que una persona no recibe un mensaje desde el vacío. Lo interpreta desde su familia, su barrio, su educación, sus prácticas culturales, sus experiencias y su manera de comprender el mundo.

Dana Sofía Guerra Alarcón encontró en esta perspectiva una forma de acercar la teoría a Colombia:

“Estudiar las teorías latinoamericanas nos permite valorar la riqueza cultural de nuestra región y comprender que los procesos comunicativos adquieren verdadero sentido cuando parten de las necesidades y experiencias de nuestras propias comunidades.” (Dana Sofía Guerra Alarcón)

Una emisora comunitaria de un municipio cordobés no puede entenderse únicamente por la tecnología que utiliza. Importa saber quién habla, quién escucha, qué historias circulan, qué problemas de la comunidad encuentran allí un espacio y qué relaciones se construyen alrededor de ese medio. Lo mismo ocurre con una conversación de barrio, una tradición oral, un colectivo juvenil, una práctica cultural o un contenido que comienza localmente y termina circulando en redes sociales. La comunicación está atravesada por la vida cotidiana.

Cultura que cambia sin dejar de ser nuestra

Néstor García Canclini ofrece otra posibilidad para entendernos. Las culturas no permanecen encerradas dentro de fronteras impermeables. Se encuentran, se mezclan, intercambian símbolos, lenguajes, músicas, consumos y prácticas. América Latina vive permanentemente esos cruces.

Un joven del Caribe colombiano puede escuchar música producida en México, seguir una tendencia nacida en Estados Unidos, utilizar expresiones locales, consumir una serie coreana y participar horas después en una celebración tradicional de su comunidad. Nada de eso ocurre separadamente.

Carolina Miranda Bello lo plantea desde esa tensión:

“La comunicación latinoamericana debe seguir fortaleciendo su identidad cultural y dar más espacio a las voces de las comunidades, porque la cultura, el territorio y la población son elementos fundamentales para construir una comunicación más inclusiva y representativa de nuestra realidad.” (Carolina Miranda Bello)

Canclini permite comprender esas mezclas sin reducirlas automáticamente a pérdida de identidad. Las culturas también negocian, reinterpretan y producen nuevos sentidos. Para el Caribe colombiano esta discusión tiene particular relevancia porque aquí la cultura nunca ha sido estática: ha sido históricamente encuentro, intercambio, resistencia y transformación.

El territorio también comunica

La comunicación latinoamericana obliga además a mirar dónde ocurren los procesos. No se comunica igual desde una gran ciudad que desde una comunidad rural. No existen las mismas posibilidades de acceso a medios, tecnologías o espacios públicos. Tampoco son iguales las memorias, prácticas culturales ni relaciones comunitarias.

María Carolina Nieves de León pone el énfasis precisamente en la memoria:

“La comunicación no solo informa, sino que también preserva la memoria colectiva y permite que las culturas continúen evolucionando sin perder sus raíces.” (María Carolina Nieves de León)

La frase adquiere especial significado cuando se piensa en comunidades indígenas, rurales, afrodescendientes o barriales donde buena parte de la historia ha circulado mediante relatos, conversaciones, músicas, saberes y prácticas transmitidas entre generaciones. Allí comunicar también significa conservar. Pero conservar no quiere decir inmovilizar. Significa permitir que esas memorias continúen hablando incluso cuando cambian los medios por los cuales circulan.

Audiencias que ya no permanecen quietas

Con Guillermo Orozco Gómez aparece otra ruptura importante: las audiencias no son recipientes vacíos. Las personas interpretan, seleccionan, aceptan unas cosas y rechazan otras, conversan sobre lo que ven y relacionan los mensajes con experiencias anteriores. Actualmente, además, responden, comparten, editan, comentan y producen nuevos contenidos.

Valeria Pájaro Cuello lo relaciona directamente con las condiciones sociales:

“El territorio influye directamente en las formas de comunicación porque las necesidades y experiencias de las comunidades cambian según el contexto donde viven.” (Valeria Pájaro Cuello)

Así, dos personas pueden encontrarse frente al mismo contenido y construir significados diferentes. No porque una haya entendido correctamente y la otra no, sino porque ninguna recepción ocurre por fuera de la experiencia. En las redes sociales este fenómeno adquiere una dimensión todavía mayor: cada usuario recibe mensajes atravesados por algoritmos, comunidades digitales, gustos, antecedentes, relaciones y experiencias personales. Orozco ayuda a recordar que detrás de la palabra audiencia existen sujetos.

Scolari y una comunicación que se desborda

Carlos A. Scolari permite llevar esa conversación al ecosistema digital. Hoy una historia difícilmente permanece encerrada en un solo medio. Puede comenzar en un video, continuar en Instagram, generar conversaciones en TikTok, convertirse en meme, producir comentarios, respuestas y nuevas versiones creadas por los usuarios.

La comunicación se expande. El receptor también se transforma en productor. Las fronteras entre medios se vuelven menos claras. Para los estudiantes que crecieron dentro de esos ecosistemas, Scolari no describe un futuro posible: describe buena parte de su presente.

Pero estudiar las hipermediaciones también obliga a mirar críticamente ese entorno. No toda participación significa necesariamente democratización y no toda circulación garantiza diversidad. Las plataformas tienen lógicas propias, intereses económicos y mecanismos que determinan qué contenidos alcanzan mayor visibilidad. La teoría vuelve así a cumplir una función esencial: permitir mirar lo cotidiano con otros ojos.

AFACOM Caribe: cuando la teoría encontró proyectos reales

El II Encuentro Regional de Semilleros de Investigación AFACOM Caribe añadió otra dimensión al proceso. Los estudiantes llegaron al encuentro con autores y conceptos que venían trabajando en el aula, pero encontraron delante de ellos proyectos, investigadores jóvenes, problemas, comunidades y experiencias concretas.

La intención no era asistir solamente como público. Debían observar, preguntar, registrar, encontrar relaciones y volver al salón con interrogantes.

El ejercicio permitió que Freire dejara de ser únicamente diálogo y concientización escritos en una diapositiva; que Beltrán pudiera encontrarse en experiencias de participación; que Kaplún apareciera en procesos educativos; que Martín-Barbero sirviera para observar culturas y cotidianidades; que Canclini ayudara a interpretar encuentros culturales; y que Orozco y Scolari permitieran acercarse a audiencias, plataformas y nuevos ecosistemas de comunicación.

La ruta construida en la asignatura tuvo precisamente ese propósito: observar en AFACOM, comprender mediante las exposiciones, argumentar en los ensayos y llevar posteriormente esos aprendizajes al Proyecto de Aula. Allí está quizás uno de los aprendizajes más importantes del proceso: una teoría comienza a comprenderse de verdad cuando sirve para formular nuevas preguntas sobre lo que tenemos delante.

Pensar desde América Latina no significa encerrarnos

Estudiar las teorías latinoamericanas tampoco supone rechazar cuanto se ha producido fuera de la región. Sería una lectura demasiado simple. El aporte está en reconocer que las teorías nacen en contextos y que las realidades latinoamericanas requieren preguntas propias.

América Latina tiene historias de desigualdad, dependencia, mestizaje, resistencia, participación comunitaria, riqueza cultural y profundas diferencias territoriales que obligaron a sus investigadores a pensar la comunicación desde otras coordenadas.

Por eso Freire habló del diálogo; Beltrán, de horizontalidad y participación; Kaplún, de una comunicación que educa mientras se construye; Martín-Barbero desplazó la mirada hacia las mediaciones; García Canclini observó las mezclas culturales; Orozco reconoció audiencias activas; y Scolari llevó esa tradición de análisis hacia los ecosistemas digitales contemporáneos.

No son siete respuestas definitivas. Son siete maneras de preguntar. Y quizá allí reside su mayor vigencia.

Una teoría que comienza a tener rostro

Después de exposiciones, lecturas, ensayos y experiencias de observación, queda algo que difícilmente aparece en una definición memorizada. Los estudiantes empiezan a hablar desde la teoría, pero también desde ellos mismos.

Avril Nicole Cordero Buendía lo resumió con una frase que puede servir como cierre de todo el recorrido:

“Nuestra realidad también merece ser contada desde nuestra propia mirada.” (Avril Nicole Cordero Buendía)

Esa afirmación contiene buena parte del sentido del pensamiento latinoamericano de la comunicación: mirarnos, escucharnos, reconocer nuestras diferencias y preguntarnos quiénes están hablando y quiénes necesitan todavía espacios para hacerlo.

Tal vez estudiar estas teorías no consista finalmente en aprender qué dijo cada autor. Tal vez el verdadero aprendizaje comience cuando un estudiante puede mirar una realidad cercana y decir: ahora tengo otras preguntas para comprenderla.

Y entonces la teoría deja de estar únicamente en el libro. Entra al aula, sale al territorio y comienza a conversar con la vida.


Este artículo colectivo fue organizado a partir de los ensayos, exposiciones y participación de los estudiantes de Teoría de la Comunicación Latinoamericana del programa de Comunicación Social de la Universidad del Sinú-Elías Bechara, y elaborado como Proyecto de Aula durante el II Encuentro Regional de Semilleros de Investigación AFACOM Caribe, realizado el 11 de septiembre, en la Universidad del Sinú. Como declaración de transparencia ética, el artículo fue editado por el profesor Ramiro Guzmán Arteaga, con apoyo de inteligencia artificial en la organización y edición del texto, conservando las autorías estudiantiles y el sentido de los testimonios originales.


Docente Editor: Ramiro Guzmán Arteaga.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *