Por: Semillero reporteros Unisinú

En medio de una era digital, donde cualquier persona puede asumir el papel del corresponsal, periodistas regionales y locales defienden su labor respondiendo a esta con responsabilidad y aplicando sus anécdotas de vida

Hablar de los corresponsales de prensa es hablar de las comunidades que han alzado su voz, de las personas que han visibilizado sus denuncias y han logrado ser escuchados, es saber que hay lugares a donde puede que los gobernantes no lleguen pero que sin duda los corresponsales lo harán.

Esta labor, que beneficia a tantos, pero asumida por pocos, les permite a las comunidades construir un discurso y hacer parte de una conversación, donde pueden decirle al mundo lo que sucede en sus vidas. Este trabajo periodístico termina siendo una forma de darle un rostro humano a los distintos lugares y personas que alguna vez fueron ignorados.

Algunos de los corresponsales de la región caribe, a través de sus experiencias, permiten saber y dar a conocer cómo es y fue desarrollar esta rama del periodismo en la región. Los riegos que podían y pueden estar al momento de buscar, transmitir la información, y la importancia que tienen para la comunidad y el medio de comunicación que la transmite.

 

El ser del corresponsal

“El ultimo corresponsal del Espectador que hubo en Córdoba fui yo”, estas son las palabras de Ramiro Guzmán, periodista y profesor en la Universidad del Sinú, quien desde hace 30 años trabaja en el campo del periodismo y que además tuvo la oportunidad de ser corresponsal para diferentes medios nacionales.

“Hasta hace poco, corresponsal era la célula de los medios de comunicación más representativo del país”, explica este experimentado periodista con mucha firmeza y seguridad en sus palabras, en las que aprovecha para remarcar que las cosas en cuanto a la prensa y el periodismo en general viene dando algunos giros, ya que esta profesión se está acoplando a la nueva era.

Por otra parte, Yesenia Carrillo, corresponsal para Noticias Caracol, dice que este oficio corresponde a “dar voz a pequeñas poblaciones que necesitan una y que no la tienen. Allí está el corresponsal de noticias, contándole al país, visibilizando y siendo la voz de su propia comunidad”.

Sin duda este ejercicio demuestra ser algo que se hace por pasión y servicio a la comunidad, incluso algunos periodistas dicen que es algo de nacimiento, como Deiby Palomino, jefe de prensa de la Alcaldía de Lorica, quien afirma, “yo nací siendo periodista desde cuna, ya a la edad de diez años yo me ponía a hacer noticias jugando junto con mis amigos”. Palomino también trabajó como reportero para RCN Tv y Radio, Telecaribe y ESPN.

Parecidos fueron los inicios de Diana Mahuad Bertel, una comunicadora social hija de inmigrante libanés y madre colombiana, quien no ajustaba los 9 años cuando agarró en sus delicadas manos una cuchara de palo para simular un micrófono e imitar a la gran Gloria Valencia de Castaño, la dama de la televisión colombiana. Desde ese día su corazón hizo clic a la televisión y cuenta que no ha podido separarse del periodismo.

Lejos están los días en los que Diana pretendía ser Valencia de Castaño, ya que ejerció como corresponsal durante los años de la violencia en Córdoba. “Fue muy duro y cruel tener que ver personas tiradas, muertas, heridas y no poder hacer nada”, afirmó Diana.

 

Viviendo la labor

Así como los corresponsales tienen historias sobre sus experiencias y los medios donde trabajan, también cuentan cómo se vive esta profesión, donde deben salir a concebir la noticia.

Jaime Montoya Coronado, periodista para RCN Radio y Zenú Comunicaciones, explica que estaba cubriendo una noticia en el entonces corregimiento Los Garzones en el año 1987 cuando lo llamaron desde Bogotá “que me tenía que ir a Isla Fuerte (…) tiene que irse porque se publicó en el diario El Espectador un informe del primer suicidio que ocurría en Isla Fuerte, gustó tanto que me dijeron ‘mire acaba de salir en El Espectador, necesitamos que usted cubra esa nota’”.

Cuando estaban llegando a la Isla escucharon unos disparos “No sabía si eran narcotraficantes o gente de allí del pueblo afectada por la situación que hicieron los disparos al aire”, explica Montoya. Luego de pasar ese momento junto a su camarógrafo y conductor tuvieron que demostrar que iban como periodistas, mostrando sus identificaciones y contando por qué estaban en ese lugar.

Los corresponsales no trabajan solos, ya sea que cuenten con camarógrafos o no, su trabajo siempre se ve apoyado por las fuentes de información, ante esto Carrillo dice “Lo que enriquece la labor del periodista es tener las fuentes y al llegar la noticia, ya sea de un líder comunal, las autoridades o los bomberos, y si es sobre una denuncia la corroboramos, la investigamos y finalmente la ponemos”.

El horario de un periodista, en especial un corresponsal, es impredecible. Bredien Lobo Córdoba, periodista monteriano, dice “Mi jornada diaria empieza a las seis de la mañana, durante ese lapso hasta las doce del mediodía puedo estar haciendo entrevistas, estar en calle haciendo reportería o generalmente escribiendo las notas que salen en el portal La Razón, después de dos a seis de la tarde, también hago estas mismas funciones”.

Además, explica que los corresponsales cubren los acontecimientos a los que otros medios por cuestiones de distancia no pueden llegar, brindando un informe detallado, una observación a profundidad para su audiencia, a manera de solución contra la desinformación y la propagación de historias engañosas.

Es así como trabaja un verdadero corresponsal, aunque algunos piensen que no es remunerado como debería, como es el caso de Jorge Romero, periodista sincelejano, quien dice “uno lo hace por amor, es una profesión mezquina”. Pero no es una opinión compartida por todos. Francisco Barrios, periodista sincelejano de NotiSabana se refiere a esto al decir “el salario no es malo, son aproximadamente 3 millones de pesos”.

Nidia Serrano, periodista cordobesa, dice que la situación de los corresponsales en Córdoba no es la ideal ya que “es muy reducido el grupo que tiene seguridad social y que tiene todas las prestaciones para desempeñar un trabajo que además es bastante riesgoso”.

 

Llegada de la era digital al periodismo

 La transición que se vive en el mundo con la llegada de las tecnologías también afecta a los corresponsales, debido a que, al igual que todos, han debido acoplarse y entender sus nuevos métodos de trabajo.

“Mientras las cosas se manejen con responsabilidad hay que aceptar el reto”, así lo declara Jaime Montoya con seguridad y firmeza. “No hay de otra que adaptarse porque el mundo digital reina”, señala en cuanto a la era digital.

“Esta locura mediática licuada con lo laboral, le está dando un golpe mortal a la figura del corresponsal”, agrega Guzmán, con un poco de preocupación en su rostro. “Se está eliminando al ADN de la noticia, a ese que era el engranaje de la estructura informativa”, finaliza.

Francisco Barrios es consciente de este cambio y lo ve con buenos ojos al decir que “las redes sociales le han dado fuerza al periodismo regional”, afirma un hombre que publica sus noticias y contenidos televisivos a través de plataformas como Facebook y YouTube, manteniendo así una interacción con sus miles de seguidores.

Esta realidad ha traído consigo un cambio en la prensa y en los medios de comunicación ya que se han borrado algunos márgenes llevando así a que los ciudadanos también nutran los noticieros nacionales.

La virtualidad permite la inmediatez, el avanzar conlleva a perfeccionar por lo que “es mucho más exigente porque ya todo el mundo es periodista, pero se debe ejercer con ética, por las repercusiones que hay al publicar un contenido”, argumenta Jaime Montoya.

En el evidente auge y cambio de la manera en que se comunica, las redes sociales son parte importante y pieza clave, es por esto por lo que se debe sacar el mejor provecho a estas y encontrar el apoyo en ellas.

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