En los pasillos de la Universidad del Sinú, los estudiantes van de un salón a otro, pero hay un joven que carga algo más que un bolso con su cuaderno. Lleva cubanitos, pedidos, responsabilidades y un sueño que comenzó pequeño, pero que hoy imagina convertido en una gran empresa.

Por: Ana María Oviedo Santacruz y Estefanía Martínez Orrego
La historia de Elías Beltrán, una estudiante que encontró en el emprendimiento una manera de construir su propio camino y, en el proceso abrir las puertas a otras personas. Antes de Bacano Cubano, Elías ya había intentado emprender. Vendía gorras, perfumes, zapatos y celulares. Cuando llegó a la universidad, compró dos cajas de quipitos y decidió venderlas al terminar las clases, recuerda que se acabaron rápidamente y entendió que podía construir algo por sí mismo.
Después llegaron los brownies y finalmente, los cubanitos. Elías recuerda especialmente una de sus primeras ventas, dos compañeros salían de la universidad y le preguntaron qué vendía y él respondió: cubanitos. Le compraron 2.
“Cuando uno empieza entra el nervio. Comenzar vendiendo de una fue un aliento, como decirme: ‘Bueno, voy bien'”, comenta Elías. Con el tiempo algo cambió, ya no era solamente Elías buscando clientes, los clientes comenzaron a buscarlo a él.
Le escribían para decirle que lo esperaban, y fue entonces cuando comprendió que Bacano Cubano podría convertirse en una fuente de ingresos para sus estudios y sobre todo en un proyecto a futuro.

Pero hacer crecer un emprendimiento mientras estudiaba no era sencillo. Sus días se dividen entre clases, trabajos, proveedores, pedidos y ventas. Él mismo reconoce que ni siquiera sabe cómo logra hacerlo. Cada día aparece algo nuevo y siempre hay algo pendiente por resolver. Uno de los momentos más difíciles llegó cuando decidió cambiar de carrera. Había estudiado medicina y posteriormente comenzó administración de empresas. Para realizar el cambio tuvo que asumir unos pagos que consumieron sus ahorros. El negocio también necesitaba continuar, así que tuvo que pedir un préstamo para volver a comprar productos y empezar nuevamente.
Sin embargo, volver a empezar no fue lo único que tuvo que sacrificar, Elías es de Sincelejo y su familia permanece allí. Las largas jornadas de trabajo en Montería le han impedido estar presente en cumpleaños, vacaciones y momentos familiares. “Esto es 24/7 El tiempo sigue pasando, la gente sigue haciendo sus vidas y tú estás acá construyendo la tuya”. Reflexiona sobre el sacrificio en el que emprender también ha significado aprender a vivir lejos de quienes quiere.

Dayana Mercado, su novia y compañera en el negocio, ha visto ese proceso desde el inicio. Lo que más le llamó la atención fue su capacidad para mirar más allá. Cuando apenas comenzaban, Elías ya ha hablado de tener un punto físico y de convertir Bacano Cubano en un negocio de verdad.
También recuerda uno de los momentos más difíciles: los primeros meses de domicilios. Se levantaban muy temprano, preparaban todo y en ocasiones, no vendían nada.
“Había días en los que nos levantábamos temprano a organizar todo y no salía ni un solo pedido. Yo me deprimía, pero Elías buscaba soluciones: ¿Qué vamos a hacer? Fortalezcamos redes, hagamos publicaciones. Él nunca lo sufre; son las 11:00 p. m. y él en lugar de descansar, seguía revisando pendientes, organizando la logística del día siguiente”. Para Elías, el emprendimiento tampoco se trata únicamente de vender. Con el crecimiento de Bacano cubano, otros estudiantes han encontrado una oportunidad para generar ingresos, jóvenes de la universidad pueden vender sus productos y obtener dinero para cubrir algunos gastos.

Y ahí está una de las transformaciones más importantes de su vida. El estudiante que comenzó buscando una oportunidad para sí mismo terminó creando oportunidades para otros. Una de sus clientes, Valentina López, también reconoce esa diferencia, Recuerda a Elías por su manera de atender, su energía y su capacidad para conectar con las personas. Para él, no solamente vende un producto, sabe ganarse a quienes se acercan.
“Elías tiene una energía muy linda. Afirma valentina. “A veces uno piensa que le compran por su forma de ser, pero sabe cómo ganarse a la gente y conectar. Además, ver que les vende su producto a otros estudiantes para que ellos mismos emprendan y cubran sus gastos diarios transmite un mensaje de perseverancia y esperanza”, añade.
La atención en los pequeños detalles, las salsas, la presentación, los stickers y la forma de entregar cada pedido hacen parte de una experiencia pensada para el cliente. Dayana recalca que detrás de cada detalle hay amor, sacrificio y el deseo de que las personas se sientan satisfechas.

Quizás por eso algunos clientes regresan y recomiendan el negocio. Cuenta que una persona realizó un pedido para un evento, quedó tan satisfecha que posteriormente consiguió varios pedidos más para Bacano Cubano. Una venta que terminó convirtiéndose en confianza y fidelidad.
Cuando Elías habla del futuro, tampoco piensa pequeño. Imaginaba Bacano Cubano como una empresa que pueda llegar a diferentes países se ve como fundador y CEO, pero también sueña con participar en otros emprendimientos y crecer dentro del mundo empresarial. Por ahora su realidad sigue siendo una mezcla de clases, pedidos, ventas y largas jornadas. Sigue siendo aquel joven que comenzó con dos cajas de quipitos, que sintió nervios al vender sus primeros cubanitos y que alguna vez tuvo que pedir un préstamo para continuar. Pero hoy hay una diferencia: ya no está construyendo solamente para él.

En cada estudiante que encuentra una fuente de ingresos, en cada trabajador que recibe una oportunidad y en cada cliente que regresa, existe una pequeña parte de lo que Elías ha construido.
Su historia demuestra que emprender no siempre significa tenerlo todo claro. A veces significa comenzar con lo que se tiene, equivocarse, volver a empezar y seguir caminando. Elías comenzó queriendo conseguir sus propias cosas. Hoy estudia, trabaja y construye un negocio mientras demuestra que un sueño puede convertirse en una posibilidad para otros. Porque entre clases, cubanitos y sueños, aquella frase que alguna vez dijo después de una de sus primeras ventas sigue teniendo sentido: “Bueno, voy bien”
Docente Editor: Ramiro Guzmán Arteaga.