Ser discapacitado no es ser incapaz. Estas historias hablan menos de las limitaciones y mucho más de las ganas de vivir y luchar para alcanzar sus metas.

Luna De Dios Luna Rosso, estudiante de Trabajo Social de la Universidad del Sinú
Para Luna, la discapacidad visual jamás ha sido un impedimento para renunciar a sus sueños. Foto: Esteban Macea.

Por: Maikel Ochoa y Esteban Macea

Durante mucho tiempo, los limites parecían ser una forma de explicar lo que una persona puede o no hacer. Para Luna De Dios Luna Rosso, los limites no existen cuando hay ganas. Luna tiene 19 años, estudia sexto semestre de Trabajo Social en la Universidad del Sinú, eligió esta carrera por que tiene un corazón que ama ayudar a los demás, mientras sonríe se describe como una persona empática, perseverante y agradecida.

Su recorrido ha estado acompañado por la ayuda de sus padres, su hermana, la psicóloga Mayra Sánchez, docentes, compañeros y por su puesto todas las herramientas que le permiten educarse.

Luna recuerda que al principio no era tan fácil desplazarse en la universidad. Con el tiempo, aprendió a reconocer los sonidos y lugares para moverse con mayor seguridad. Para Mayra Sánchez, psicóloga clínica de Bienestar Universitario y encargada del área de bienestar diverso e inclusivo, este es uno de los cambios que más percibe en los estudiantes que acompaña. Cuando llegan a la universidad llegan con inseguridades y dependen mucho de sus familias. Pero poco a poco van aprendiendo a conocer los espacios, tomar decisiones y descubrir que pueden desenvolverse por sí mismos.

Aunque Luna sabe la importancia que tienen los lectores de pantalla, las líneas e impresoras braille para desenvolverse en su vida universitaria, resalta que sin duda alguna la empatía es una de las mejores herramientas.

Cuando piensa en su futuro, suspira y recuerda que los limites no existen, está centrada en lo que desea alcanzar. “No hay límites; simplemente hay que ajustar las herramientas que cada uno necesite para lograr los procesos de la mejor manera”, dice al tiempo que aprieta su bastón guía.

Su mayor cualidad son las ganas de seguir adelante y luchar por lo que quiere, colocar la confianza en sus capacidades y ayudar a las personas, Luna es una joven que ha enfrentado barreras, pero no se ha detenido, aunque su percepción del mundo es diferente, está dispuesta a vivir su vida a plenitud. Con una voz llena de energía expresa que “todas las personas pueden usar aquello que los hace frágil y convertirlo en fortaleza para desarrollar habilidades”.

Entendiendo el mundo

Yordana Madrigal Gómez tiene 24 años y cursa séptimo semestre de Trabajo Social en la Universidad del Sinú. Su sonrisa refleja lo risueña y amigable que es. Al hablar de su carrera, con el rostro serio cuenta que al principio no fue fácil.

Inició este camino con nervios y miedo a equivocarse, su condición cognitiva, afecta principalmente la lectura y escritura, así que para ella entender con textos largos no era la mejor opción.

Pero Yordana fue encontrando su propia forma de comprender el mundo y sus obstáculos. Ella graba las clases y estudia acompañada de su tutora, mediante dibujos, videos y carteleras. Foto/Esteban Macea

Yordana Madrigal Gómez, estudiante de Trabajo Social
“Soy más fuerte, porque enfrento el mundo con amor”. Foto: Esteban Macea.

“Antes exponía, pero era como más tímida, era más nerviosa” dice Yordana, cuenta que estos años en la universidad le han ayudado a crecer como persona, ahora es más expresiva y hasta independiente.

Hablar frente a otras personas es algo que siempre la hace sudar de nervios, mueve sus manos, su cuerpo reacciona de una manera diferente, y es ahí cuando respira y ella misma se da ánimo “yo puedo”, piensa y sigue. Aunque no vive con sus padres, ellos son un apoyo siempre, a través de llamadas le recuerdan que todo va a estar bien.

Yordana, con su cara sonriente habla de Mayra, la psicóloga que la apoya en cada proceso de su carrera. Madrigal menciona que muchas veces las personas se fijan en las condiciones visibles en lo físico y olvidan todo lo que hay dentro, las diferentes formas de aprender, de entender y hacer las cosas.

La psicóloga Mayra Sánchez resalta que una de las transformaciones más importantes se basa en que sus estudiantes reconozcan su condición, pero no se sientan incapacitados por ello. Sánchez menciona, “Soy consciente de que tengo esto, voy a hacer algo”, al hablar de esa actitud que ha visto crecer en ellas.

Yordana reconoce que su propia historia le ha enseñado lo que realmente se puede lograr, no se trata de esperar que el miedo desaparezca se trata de intentarlo aun cuando aparece. Su frase favorita para esos momentos difíciles es decir “yo puedo”.

Más allá de la discapacidad

Cada historia es una forma diferente de mirar la vida. Después de Yordana, Miguel llega con una pregunta ¿Qué pasa cuando comprendes el mundo, pero es difícil comunicarte?, Miguel Mejía prefiere hablar de otro modo, se presenta como alguien sordo señante, una identidad que ha construido desde su forma de comunicarse.

A sus 44 años, es profesional en Licenciatura en Educación, especialista en Cultura y Política y magister en Educación Inclusiva e Intercultural. Sus estudios no son lo único que cuentan quién es. Su trabajo se trata mayormente de luchar por mostrar aquello que en algún momento marco su historia: el idioma de señas y la educación a personas sordas.

Labora en instituciones universitarias de Montería como docente bilingüe, apoyando a niños y jóvenes sordos en su proceso educativo. Además, busca visibilizar y enseñar la lengua de señas desde la Universidad del Sinú y otros espacios relacionados con el desarrollo de esta.

Miguel más que nadie sabe la importancia de conocer este lenguaje, pues en su proceso de educación tuvo varias luchas porque no siempre la sociedad supo responder a sus necesidades.

Para Mejía, el problema no siempre está en la falta de accesibilidad en la educación, también va en la forma en que las personas se relacionan y comunican con quienes son diferentes, las define como barreras actitudinales.

Aunque en 2026 ya existen mayores avances, leyes y decretos que les ayudan a sentirse más seguros, todavía falta mucho por hacer. Algunas veces en bancos y lugares públicos son situaciones complicadas cuando no existen condiciones necesarias para comunicarse.

Él no desea un mundo lleno de intérpretes, sino busca un lugar donde las personas aprendan su lenguaje y puedan hablar directamente sin depender de alguien más.

Su lucha no se centra en recibir un trato diferente, lejos de eso, busca lograr que todos entiendan que las personas sordas pueden ser tratadas como iguales, solo que utilizan otro lenguaje.

Para él, la sociedad debería comprender la diversidad que existe en ella. Personas indígenas, afrodescendientes, de la comunidad LGBT, personas sordas y muchas otras que hacen parte de la misma sociedad. Menciona que la diferencias no justifican la vulneración de derechos.

Miguel desde su experiencia también ha aprendido que la inclusión no depende de leyes, depende de algo más humano como es el esfuerzo de las personas por intentar comprender a las demás.

La meta no es que la sociedad sepa que existen personas sordas, sino que aprendan a comunicarse, reconocerlas y convivir con ellas como iguales.

Lo que los une

Al conocer a Luna, Yordana y Miguel, es difícil no encontrar algo en común. Sus caminos no se han construido solos. En cada una de las historias aparecen hermanos, padres, docentes y compañeros que han apoyado estos procesos.

La psicóloga Mayra, lo ha comprobado desde su trabajo en Bienestar Universitario, dice que “cuando una persona cuenta con una red de apoyo logra conseguir más confianza y comodidad para relacionarse”. Reconoce que “cuando comenzó a trabajar con estos estudiantes, su mirada cambió, comprendiendo la importancia de conocer la historia de los demás”.

Los tres viven la vida desde una condición distinta, pero no se quedan en ella. Cada uno, desde su forma de entender, sentir y relacionarse con el mundo, ha logrado enfrentar los obstáculos y superarse.

Han necesitado apoyo para enfrentar momentos difíciles que muchas veces no dependían de ellos, sino de los lugares y personas que los rodeaban. Pero todos están cumpliendo sus sueños y demostrando que una condición no debe definir hasta dónde puede llegar una persona.

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Docente Editor: Ramiro Guzmán Arteaga.

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